Esta columna va dedicada a la memoria de mi tía Gloria Erasmo, una de mis más fieles lectoras y comentaristas.

 

Nunca alcancé a imaginar que el desempeño de un cargo político pudiera producir tan serios estragos en profesionales con una acreditada reputación. Algo que sí podría esperarse de esos abundantes mindundis que jamás han ganado un dónut lejos del calor de su partido, quienes jamás decepcionan a nadie pues nadie esperaba de ellos más que obediencia y sumisión. Pero no era algo previsible en un antiguo Magistrado de la Audiencia Nacional, con importantes méritos reconocidos en la compleja lucha contra ETA.   

    Fernando Grande-Marlaska ofrece muestras constantes de que el ejercicio del poder ha acabado desplazando su buen criterio jurídico y sus escrúpulos morales hacia lugares recónditos de su personalidad. Y esas muestras son ya tantas que inducen a dudar si algún día gozó, cuando ejercía como Juez, del suficiente criterio y escrúpulos. El actual Ministro del Interior acaba de recibir un varapalo terrible por parte de sus ex compañeros del poder judicial. La Sección Cuarta de la Sala Tercera de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Supremo ha estimado el recurso de casación interpuesto por el Coronel Diego Pérez de los Cobos, y ha declarado nulo su cese al frente de la Comandancia de la Guardia Civil de Madrid, ordenado arbitrariamente por Marlaska en plena investigación judicial por la permisividad con las manifestaciones feministas del 8-M, en los inicios de la pandemia.

En concreto, el Tribunal Supremo ha anulado la Sentencia de la Audiencia Nacional de 15 de septiembre de 2021 que daba por bueno dicho cese, de manera que confirma una decisión judicial anterior, adoptada en primera instancia, que concluía que apartarle de su puesto fue una “decisión ilegal” que supuso una “desviación de poder”, ordenando su inmediata readmisión. Aunque Marlaska había fundamentado su cese en una “pérdida de confianza” en el prestigioso Coronel, tras desobedecerle al pedirle que cometiera una grave ilegalidad (informarle del desarrollo de las investigaciones judiciales sobre las manifestaciones de Madrid, sumario que la Jueza había declarado secreto), ha quedado demostrado que quien cometió con él una segunda y reincidente ilegalidad fue el propio Ministro. Para regocijo de la Guardia Civil, donde es uno de los mandos más queridos por sus muchos méritos contraídos en una trayectoria impecable.

Sobre la flagrante arbitrariedad de Marlaska, quien exhibiendo una ambición desmedida se había ofrecido como Ministro antes -sin éxito- a Mariano Rajoy, pivotan diferentes elementos explicativos. El primero, haberse convertido en uno de los más fieles esbirros de Sánchez, quien le ha utilizado como ejecutor de múltiples “trabajos especiales” (purgas en la cúpula de la Guardia Civil, gestión policial de los estados de alarma luego declarados inconstitucionales, acercamiento de todos los asesinos de ETA -algunos de ellos condenados en su día por él mismo- a cárceles gestionadas por el Gobierno Vasco donde gozan de un paraíso penitenciario). El segundo, el odio profesado a Pérez de los Cobos por el independentismo catalán, cuyos votos sustentan a Sánchez sentado en Moncloa y en la confortable cabina del Falcon. Recuerden que el Coronel encabezó el dispositivo de seguridad del Estado en los días del fracasado referéndum de independencia, y que su demoledor testimonio en el juicio ante el Tribunal Supremo puso bastantes clavos en el ataúd que contenía la condena a prisión de los líderes secesionistas. El tercero, que dirigiendo la Comandancia de Madrid se negó a cerrar al acceso público la calle de la urbanización de Galapagar donde está situado el casoplón de Pablo Iglesias e Irene Montero, tal como éstos habían solicitado a Marlaska para apartarse del molesto populacho. Como ven, se juntaron enemigos peligrosos en el recto camino de un funcionario ejemplar.

El insano contacto con Sánchez ha contagiado a Marlaska hasta en su relación con la verdad. Preguntado recientemente en el Congreso por los entresijos del “caso Mediador” y las jaranas del Tito Berni, con 14 expedientes irregulares firmados bajo su mandato, se descolgó culpando al PP por el “caso Contratos”. Cualquier vestigio de vergüenza, rectitud y moralidad parecen haber huido despavoridos de su antaño respetado personaje.

Todo lo que acabamos de enumerar no va a impedir a Marlaska acabar la legislatura como Ministro del Interior, pues su destino político inmediato parece ligado indefectiblemente a Sánchez. Pero sí debería impedirle volver nunca más a integrar un Tribunal. Resulta urgentísima en España la aprobación de una Ley que prohíba -de una vez por todas- las indecentes “puertas giratorias”, evitando que personajes de esta calaña vuelvan a sus antiguos empleos tras exhibir semejante grado de sectarismo, obcecación y arbitrariedad. Especialmente si se dedicaban, como Marlaska, al delicadísimo oficio de juzgar.

La reacción del chamuscado Ministro ante el enorme revolcón judicial ha sido ciertamente penosa. Se ha dedicado a verter insidias sobre Pérez de los Cobos insinuando su vinculación con temas de corrupción nunca denunciados ante los Tribunales. Mostrando abiertamente su verdadero ser, no sólo arbitrario sino también miserable.

PUBLICADA ORIGINARIAMENTE EN MALLORCADIARIO.COM EL 03 DE ABRIL DE 2023.

Por Álvaro Delgado Truyols