Crónicas incorrectas

El blog de Álvaro Delgado Truyols

Torpe Pumpido

Hace ahora la friolera de treinta años que me dedico profesionalmente al Derecho. Coincidirán ustedes conmigo en que ya son años, y ya es Derecho. El ejercicio durante tanto tiempo de una profesión jurídica pública proporciona una interesante visión del paisaje, del entorno y de los personajes que a todos nos rodean en el complejo mundo del cumplimiento de las Leyes. Tanto en el campo de la contratación privada como en el de la práctica habitual de la Fiscalía, de los Tribunales de Justicia y de las diversas Administraciones públicas. Y, después de ese prolongado camino, uno acaba sabiendo más por viejo que por diablo, pudiendo afirmar -sin temor a equivocarse- que recorriendo esa larga trayectoria se llega a ver de todo, o dejémoslo en casi todo.

La masacre del señorito

Corren malos tiempos para ser lacayo. Tal vez los peores de los últimos años, vistos los escrúpulos que algunos gastan con quienes les han ayudado a alcanzar la púrpura y mantener el sillón. El kilo de esbirro progresista cotiza este verano muy a la baja, especialmente en la zona de Moncloa y sus aledaños madrileños. No iba tan desencaminado con su desprecio de la carne el Ministro Alberto Garzón. Por ello, recomiendo que se lo piensen mucho los ambiciosos desocupados a quienes tienta trabajar en política a las órdenes de desalmados con mucho poder.

La voluntad y el Derecho

No tengo por costumbre tratar cuestiones jurídicas de mucha enjundia en mis colaboraciones en prensa. Salvo pinceladas concretas y principios fundamentales, que siempre es bueno remarcar, soltar rollos profundos referidos a las especialidades profesionales de cada uno no me parece la función de quienes escribimos habitualmente en los medios de comunicación. Pero hay ocasiones en las que no queda más remedio que hacerlo, aunque sea de forma elemental. Y hoy es uno de esos días en que explicar algunos conceptos jurídicos se hace más necesario que nunca.

Defenderse de los gobernantes

Parece algo evidente que los regímenes democráticos deben articular mecanismos para defenderse de los ataques de sus enemigos, exteriores o interiores. Pero también, y ello resulta fundamental, para defenderse de sus propios gobernantes. Este viejo axioma del Derecho constitucional, formulado por mentes preclaras como la del norteamericano Thomas Jefferson, debería estar hoy más vigente que nunca.

Estocolmo en el Ampurdán

Los indultos a los secesionistas catalanes han generado ya excesivos comentarios. A favor y en contra, en una amplia horquilla que discurre desde la virulencia irracional a la complacencia empalagosa, a medida que el declarante se aproxima al maná emanado de las generosas ubres del Gobierno central o la Generalitat. Pocos han sido capaces de realizar un análisis riguroso, no sólo de las implicaciones políticas y legales del asunto en sí, sino de lo delicado que resulta quebrar de esta manera un Estado de Derecho, poniendo a los Tribunales españoles en solfa ante la opinión pública internacional.

La «cobra» de Joe

El móvil de Iván comienza a vibrar. Mañana de nervios. Al filo de la hora de comer, entra el whats app esperado. Echa un vistazo al remitente y la pantalla lo confirma. “Puto Amo”. Es el jefe. Ya debe haber terminado ese encuentro largamente anunciado. Dos líderes mundiales progresistas reunidos por fin, tras una prolongada espera. Con el planeta esperando impaciente. El mensaje es largo. Menos mal. Se le habrá pasado el malhumor que le provocaba este asunto. Desde enero. Qué suplicio. El jefe parece estar comunicativo. Buena señal. Hoy tendremos un buen día. El texto dice así:

Un bobo anda suelto

Les confieso que siento fascinación por los bobos de solemnidad. No se trata de un tema intelectual, como ustedes podrán imaginar, sino de un asombro parecido al que experimentan los niños ante una bola de algodón dulce, o ante la repentina aparición de alguien disfrazado de superhéroe. No lo puedo evitar. Ya sé que hasta un reloj parado da correctamente la hora dos veces al día, aunque me sorprende cómo algunos tipos extremadamente idiotas han podido presidir un país o ser elegidos reiteradamente por millones de ciudadanos.

Educación

En el túnel por el que acceden los jugadores a la pista central del incomparable All England Club de Wimbledon, situado cerca de Londres, hay una leyenda escrita en la pared que dice textualmente: “If you can meet with Triumph and Disaster and treat those two impostors just the same…” (si puedes encontrarte con el Triunfo y la Derrota y tratar a esos dos impostores de la misma forma…”). Esa frase transcribe un conocido verso del magistral poema “If…”, escrito en 1895 por el premio Nobel británico Joseph Rudyard Kipling, y representa el perfecto resumen del estoicismo inglés típico de la era victoriana.

Pilato indultando a Barrabás

“Era un mocetón de unos treinta años, robusto, de pálida tez, barba rojiza y cabellos negros. Las cejas eran también negras; los ojos se hundían en las órbitas, como si la mirada hubiera querido esconderse. Bajo uno de los ojos corría una profunda cicatriz, que desaparecía en la barba”. Así describe el premio Nobel de Literatura sueco Pär Lagerkvist -en su novela más famosa- al bandido Barrabás, liberado por las autoridades judías del siglo I a raíz de la ejecución de Jesucristo.

Ayusitis y sanchismo

La contundente victoria en las elecciones autonómicas madrileñas de Isabel Díaz Ayuso ha revolucionado, como un bombazo inesperado, el panorama político español. Desde que la joven Presidenta madrileña revalidó recientemente su cargo, puesto en riesgo por la sorprendente actitud de Ciudadanos instigando mociones de censura que le han llevado a las puertas de la desaparición, el tablero político nacional se ha colocado patas arriba.

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