Crónicas incorrectas

El blog de Álvaro Delgado Truyols

Un elefante con artrosis

“El Hoyo” es un exitoso thriller español, dirigido por Galder Gaztelu-Urrutia, que representa la vida en un centro de reclusión existente en una sociedad distópica. El lugar está dividido en niveles, cada uno ocupado por dos presos, existiendo un turno aleatorio para ocuparlos y una plataforma central que distribuye la comida, deteniéndose un tiempo en cada piso. Los internos de los niveles superiores comen abundantemente, pero los de los niveles inferiores comen sólo lo que les dejan los de arriba, sin poder acumular alimentos. Las paradojas de la administración del centro, la lucha por la supervivencia de los reclusos más desfavorecidos y el ambiente que allí se vive -que nos lleva desde el gore hasta el canibalismo o el humor negro- constituyen una peculiar metáfora de los tiempos actuales y del comportamiento social en tiempos de opresión.

El «monocultivo» turístico

La catástrofe económica provocada por el Covid-19, que afecta con especial intensidad al mundo del turismo, ha generado diversas opiniones publicadas que lamentan la dependencia de la economía balear de lo que llaman el “monocultivo turístico”. Y algunos, tal vez para no contrariar la visión sobre la materia de los actuales gobernantes (y sus apetecibles subvenciones), replican los argumentos de siempre: que si este modelo fue planificado en su día por el Movimiento Nacional y nunca se ha corregido; que si nuestros empresarios buscan el dinero fácil del ladrillo y el sol y playa; que si no tenemos emprendedores comprometidos con la industria y las nuevas tecnologías; que si Madrid (ese ente diabólico y lejano) nos expolia… No son capaces de salir de esa ristra de convencionalismos, pronunciados mirando al tendido de un público maniqueo y polarizado, y contaminados por un tufo ideológico inútil para resolver problemas económicos.

Sobre penes y penas

Cesare Lombroso fue un médico italiano del siglo XIX, fundador de la Escuela de Criminología Positivista, que se hizo famoso por sus teorías sobre las causas de la criminalidad. El aspecto más conocido de sus obras es su concepción del delito como resultado de tendencias innatas o de orden genético en las personas, considerando que los delincuentes habituales podían distinguirse empíricamente del resto de la población por sus rasgos físicos o el tamaño de su cráneo, mandíbula, orejas u otros órganos de su cuerpo.

¿Trump o Sánchez?

El Presidente, según describen de una forma coincidente desde hace años buena parte de medios de comunicación y redes sociales, presenta las siguientes características personales y políticas:

– Es un tipo pagado de sí mismo, narcisista, ególatra, jactancioso y chulesco, que exhibe un carácter y una educación bastante mejorables.

– En su vida pública miente habitualmente y con descaro absoluto, destrozando la hemeroteca sin cesar, aunque luego pretende luchar contra lo que llama las fake news.

– Se ha esforzado en polarizar a la sociedad nacional en dos bandos de una forma exagerada, haciéndolos difícilmente conciliables y resucitando odios y rencores.

«Sic Semper Tyrannis»

La locución latina que encabeza este artículo, que significa “siempre así con los tiranos”, ha sido solemnemente pronunciada varias veces a lo largo de la historia, en especial para justificar algún magnicidio. La primera vez, por Marco Junio Bruto al apuñalar a Julio César en el Senado de Roma, el 15 de marzo del año 44 antes de Cristo. La segunda (dicha expresión es el lema que figura en el escudo del estado norteamericano de Virginia, bajo la imagen de un tirano sometido por un hombre libre que representa una alegoría de la virtud) por el actor de teatro sudista John Wilkes Booth, tras disparar un tiro en la cabeza de Abraham Lincoln el 14 de abril de 1865, en el Teatro Ford de Washington. Y también la usó el escritor ecuatoriano Juan Montalvo para referirse a la muerte a tiros y machetazos del Presidente conservador Gabriel García Moreno, en el Palacio Presidencial de Quito, a manos de un grupo de jóvenes opositores el 6 de agosto de 1875.

Barras de medir

La pandemia del coronavirus está causando estragos entre la población balear, al igual que sucede con toda la población mundial. Y no sólo daños físicos, sino también secuelas psicológicas, que resultan inevitables en toda situación de miedo o confinamiento. Ante un estado de máxima preocupación sanitaria y económica, mucha gente tiene la lógica tentación de hacer justamente lo contrario de lo que nos permiten. Salir de cenas o de copas, ver a los amigos, abrazar a los seres queridos, socializar…. Y esa lucha contra las prohibiciones genera conflictos internos, malestar e incluso estados de ánimo alicaídos o depresivos. Por ello, resulta normal que un miércoles cualquiera del mes de octubre, después de una dura jornada laboral, uno (o una) tenga ganas de salir con su equipo de trabajo -con el que tan bien se lleva- a aliviar tensiones tomando algo. Nada que decir. A todos nos puede suceder. Aunque sería conveniente hacerlo respetando las normas. Sobre todo si esas normas las dictas tú.

Joan Mesquida, un señor socialista

Pese a haber coincidido durante años en muy diferentes lugares y ocasiones -con mejor o peor fortuna- y de encontrarme habitualmente con él practicando deporte (era un gran aficionado, y a veces entrenábamos juntos), traté más estrechamente a Joan Mesquida desde hace poco más de un año y medio, cuando comenzaba su andadura Sociedad Civil Balear y yo, como Vicepresidente de la recién creada asociación, le llamé para ofrecerle incorporarse a nuestro ilusionante proyecto. Éramos personas casi de la misma edad, con numerosas afinidades familiares, personales y deportivas, ambos estrechamente vinculados al municipio de Calviá -yo como residente y hermano de un ex Alcalde, y él como alto funcionario del Ayuntamiento- a las que las circunstancias de la vida nos habían colocado (a mí por simple rebote familiar) en trincheras políticas rivales, pero que siempre nos mostramos simpatía y afabilidad. Lo que corresponde, simple y llanamente, a personas educadas.

Gobernados por un publicista

Iván Redondo es “un tipo tímido al que le cuentas un chiste verde y se sonroja”. Así define el veterano periodista Raúl del Pozo, en su recién publicada biografía (no autorizada) llamada “No le des más whisky a la perrita”, escrita por Julio Valdeón y Jesús Fernández Úbeda, al todopoderoso Jefe de Gabinete de la actual Presidencia del Gobierno. Un personaje que, sin timidez alguna, dirige la más formidable maquinaria de propaganda que han conocido los tiempos en nuestro país: “Moncloa Agencia de Publicidad”. Se le contrató para disimular a todos los españoles las limitaciones intelectuales (hasta tuvo que plagiar su tesis), gestoras (nunca ha trabajado ni en un quiosco de pueblo) e ideológicas (su única idea conocida es ser Presidente a toda costa) de su jefe Pedro Sánchez. Y su trabajo consiste en sustituir con marketing el inexistente liderazgo de su mentor: desde impidiendo que el pobre Rey Felipe VI pueda asistir a la entrega de despachos judiciales en Barcelona, hasta ordenando a Jesús Calleja que lleve a bucear al Doctor Simón a una cueva de Pollença, y luego lo emita en prime time en su conocido programa televisivo. El tipo prepara, dirige y controla todo lo que pasa en este país. Y lo hace con gran empeño y eficacia. Para ser un publicista, claro.

Desmontando la democracia liberal

La existencia de un régimen democrático no se mide por ir a votar. Hasta en Corea del Norte existen elecciones. Centrarlo todo en el voto constituye un reduccionismo absurdo, que equivale a valorar la pericia de un médico por las horas que lleva puesta la bata o colgado el fonendoscopio. Lo que convierte a un régimen con elecciones en un verdadero Estado de Derecho es el imperio de la Ley. O sea, la existencia de unas normas jurídicas, aprobadas por un procedimiento reglado, que sean vinculantes para todos los ciudadanos y supongan un freno frente a los abusos del poder. Como la tendencia natural de cualquier gobernante es extralimitarse en el ejercicio de su poder, las normas deben desconfiar de quien ejerce el Gobierno. Y tener previstos todos los frenos posibles para que, en su ejercicio, respete las reglas y las instituciones. Ya decían los padres fundadores de los EEUU que “el buen patriota es el que trata a los Gobiernos como a un enemigo”. Aunque todo esto hoy -en España- parece sonar a música celestial. Pero constituye una enseñanza elemental que todos deberíamos estudiar en primer curso de Democracia.

Problemas de España : Cuestiones sociales (y II)

Tras analizar, en una primera entrega, los principales problemas de tipo político que afectan al sistema institucional español, continuamos examinando otros de índole cultural, educativa y social:

    – Resulta imposible consolidar una democracia sin verdadera cultura democrática. Desde Rodríguez Zapatero, nuestros políticos se han dedicado a polarizar hasta el infinito la sociedad española, resucitando  el guerracivilismo y el enfrentamiento partidista. Los simpatizantes de partidos rivales ahora no se respetan, ni intentan entenderse. Simplemente se descalifican y se odian. Basta echar un vistazo a las redes sociales, o comprobar la imposibilidad de llegar en España a acuerdos transversales. A ello contribuyen negativamente la disciplina de partido, el voto imperativo de los parlamentarios (que acaban representando sólo al líder de su partido, y no a sus electores) y la ausencia de una limitación de mandatos -y también de años de permanencia- en los cargos públicos remunerados.

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