Sergei Kourdakov, agente del KGB asesinado misteriosamente en Canadá a los 21 años de edad, narró en “El Esbirro” (1973) que el bolchevismo reclutaba jóvenes en orfanatos pobres para los trabajos sucios que el régimen requería, como las matanzas de creyentes ortodoxos -considerados un peligro para la revolución comunista-, en las que él mismo participó de forma reiterada.

Salvo en casos de miseria o amenazas de muerte, luego consumadas como las de Kourdakov, siempre me ha asombrado que personas conocidas se conviertan en esbirros de algún desalmado. Que te sometan a su voluntad líderes como Bill Gates, Angela Merkel o Jeff Bezos puede demostrar un apreciable nivel mental del amo y del servidor. Que sean sometidos Carmen Calvo, Adriana Lastra o José Luis Ábalos solo explica su sectarismo y su limitada capacidad intelectual. Pero que los mindundis que hoy nos gobiernan exhiban la capacidad de convertir a tipos más formados en caniches a su servicio llama mucho la atención.

Nuestro Ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, en tiempos valorado Magistrado, se ha convertido en el mayor incumplidor de la Ley que conocemos desde la Transición. Su trayectoria ministerial aparece plagada de autoritarismo, destituciones ilegales, omisión de prestación de funciones, ocultación de detenciones, traslados injustificados de presos etarras y múltiples decisiones arbitrarias. Y, cuando le pillan, no se le ocurre mejor argumento que acusar al principal partido de la oposición de ser “un peligro para la democracia”. Qué íntimas satisfacciones le proporcionará el poder -o servir como un perrito faldero a su despótico amo Sánchez– para arrojar así por la borda su antiguo prestigio profesional.

El servilismo periodístico actual ofrece también jugosos ejemplos. Jesús Cintora nunca fue un genio de la comunicación, aunque tenía -en otras épocas- su estilo, su rollete y su público. Pero pasarse de frenada profesional para dar gusto a su mentor Pablo Iglesias hasta el punto de que le vayan a echar de TVE -gobernando un ejecutivo social-comunista- por hacer un programa lamentable resulta de récord Guinness. Pocas veces hemos visto que a un mamporrero de la prensa progre le echen los suyos a patadas. Los truquitos habituales de su patético magazine para socavar a la monarquía y sesgar continuamente la información le van a mandar a la calle. La televisión pública de una democracia europea no está para financiar espectáculos bananeros.

Pero mi experto favorito en lametazos al poder se llama José Félix Tezanos. Sorprende sobremanera ver a un viejo Catedrático y ex Decano de Facultad dispensando felaciones sociológicas al engreído de La Moncloa para subirle la autoestima y camelarse -de paso- a los españoles. Con la agravante de que esas encuestas estupefacientes, resultado de sus delirios sanchistas, las financiamos todos los contribuyentes. No sé si tamaño papelón lo hará por necesidades alimenticias, o le moverá a semejante desvergüenza cualquier otra espuria razón, aunque con ello está destrozando de forma miserable el buen nombre de su institución.

Y es que el Centro de Investigaciones Sociológicas es un organismo público, financiado con cargo a los Presupuestos Generales del Estado, que había acumulado -en sus seis décadas de existencia- un indudable prestigio académico, divulgativo y periodístico, pues realizaba estudios y análisis fundamentales para conocer de una forma científica la evolución en variados aspectos de la compleja sociedad española.

Pero resulta que al gurú Iván Redondo -la mano que mece la cuna donde Pedro Sánchez duerme en su mullido colchón- se le ocurrió utilizar al CIS para una función diferente. Aunque no lo pagaba él -ni tampoco el PSOE, principal destinatario de su nueva misión- en lugar de testar objetivamente la situación sociológica de España, el genio de La Moncloa decidió dar al Centro un peculiar uso alternativo: intentar generar tendencias electorales a través de encuestas precocinadas. Pensando que, si condimentaba sus encuestas al gusto de su amo y señor, los electores españoles recibirían -a través de ellas- una influencia decisiva que podría condicionar y teledirigir su voto. Una intención maquiavélica, típica de escuela de comunicación, que resulta realmente impresentable cuando se financia con dinero de todos.

Sánchez lleva bastante tiempo intentando colonizar la mayoría de instituciones nacionales: medios de comunicación públicos, Consejo General del Poder Judicial, Fiscalía General del Estado, Ministerios de Hacienda, Justicia e Interior, CNI, Correos, Policía Nacional, Guardia Civil… Pretende tomar el control político y evitar el fair play institucional de los organismos del Estado que deberían permanecer neutrales. Nunca el despotismo presidencial había sido tan evidente, como acaba de demostrar el Tribunal Constitucional anulando la entrada de Pablo Iglesias e Iván Redondo en el CNI, y criticando el exceso de Reales-Decretos. Recuerden que Tezanos preside el CIS siendo militante del PSOE y dirigiendo, además, la revista del partido “Temas para el Debate”. Como Dolores Delgado pasó del Ministerio de Justicia a la Fiscalía General sin solución de continuidad.

Pero el inefable Tezanos siempre proporciona algo más. En plena jornada de reflexión de las elecciones autonómicas madrileñas utilizó la revista que dirige para insultar a los votantes de Isabel Díaz Ayuso, intuyendo que sus descabelladas encuestas electorales iban a naufragar clamorosamente. La justificación de su previsible fracaso sociológico fue que Ayuso tenía escasa capacidad política e intelectual, y que los madrileños eran un “pueblo tabernario”, elementos que dificultaban cualquier predicción. Hablando en plata, decía que los votantes de Ayuso estaban habitualmente borrachos o eran tan cortitos como ella. Un diagnóstico científico de altísimo nivel, que justifica por sí solo los 9,2 millones de euros que el CIS nos cuesta a todos los españoles.

Se conoció, además, la elaboración de una encuesta secreta sobre las elecciones madrileñas -el día antes de su celebración- para uso exclusivo de Sánchez y Redondo, que llevaban días bordeando el ataque de nervios. Cosa expresamente prohibida por nuestra vigente legislación electoral. Varias personas denunciaron a diferentes emisoras de radio que, en plena jornada de reflexión, recibieron llamadas para evaluar sus preferencias electorales.

Viendo el panorama anterior, se explica que nos quieran subir los impuestos. Financiar esbirros de calidad merece cualquier esfuerzo. Espero que ninguno acabe como el pobre Kourdakov.

 

Por Álvaro Delgado Truyols