¿Qué sucedería en España si un hipotético gobierno de Vox hiciera lo mismo que Pedro Sánchez? ¿Cómo reaccionaría nuestra opinión pública si Santiago Abascal, intentando ser investido presidente del Gobierno, amnistiara a militares que hubieran dado un golpe de Estado, derogara su delito de sedición, les rebajara las penas por malversación respecto al dinero público malgastado, blanqueara crímenes del franquismo, consumara un asalto a la Justicia y los contrapoderes del Estado, colonizara con personas afines todas las instituciones y medios de comunicación, atacara a la Corona y despreciara a la oposición con siniestras risas de Joker impidiendo la alternancia democrática?

Lo que pocos españoles se han parado a pensar, viendo su comportamiento electoral ante las continuadas mentiras de Sánchez, es que lo que ahora está haciendo él podrán hacerlo los demás en el futuro. Incluidos PP o Vox. El autócrata que dirige el PSOE está creando el caldo de cultivo -y aprobando en el Congreso los mecanismos legales- para que los rivales puedan actuar el día de mañana de su misma manera antidemocrática.

Aunque seguro que la opinión pública española no reaccionaría igual. La indolente sociedad actual, adormecida ante las trapacerías de la izquierda y los nacionalismos periféricos, actuaría de forma diferente si el peligro proviniera de Vox. Y no porque pudieran hacer cosas mucho peores para nuestro régimen democrático que las que está consumando Sánchez, sino porque la “extrema derecha” nunca tiene derecho a causar los mismos destrozos que la izquierda está ocasionando a nuestro sistema constitucional. La izquierda piensa en España que la democracia es suya.

Resulta realmente curiosa esta desequilibrada situación. Cualquier ciudadano responsable debería reaccionar de inmediato cuando un pésimo gobernante, fuera de la ideología que fuese, amenazara principios esenciales de nuestro sistema democrático como la igualdad de todos ante la Ley, los derechos y libertades civiles de los ciudadanos y los principios del Estado de Derecho (separación de poderes, controles al Gobierno, independencia de los Tribunales).

Muchos españoles consideran normal, tal vez por esa mala conciencia colectiva derivada de nuestra interminable Guerra Civil, que cualquier izquierdista desorejado haga todo lo posible -dentro o fuera de la Ley- para intentar gobernar siempre y que sus rivales nunca alcancen el poder. Recientes declaraciones de políticos como Fernández Vara o actores como Miguel Rellán (marido de Rosa María Mateo, a quien Sánchez colocó a dedo al frente de RTVE) ponen de manifiesto esta intención: “si la alternativa es un gobierno de PP y Vox, adelante con la amnistía o lo que sea”. Este es el espíritu antidemocrático que exhibe buena parte de la izquierda española.

Otros mantienen, sin embargo, una cordura ejemplar. Da gusto leer últimamente a Cebrián, a Sáenz de Cosculluela o a Ramón Aguiló -ex Alcalde socialista de Palma- que ha escrito párrafos como éste: “Me niego a pensar que no existe una izquierda en España que crea en valores ciudadanos compartidos con la derecha; que su objetivo no sea destruir a sus adversarios sino convencerles; que crea que la alternancia y no la permanencia en el poder es síntoma de salud democrática y de una sociedad libre”.

Esta amnistía no es más que un trueque repugnante por el que uno asegura el poder y otros compran impunidad. Nada tiene de noble ese trato indigno, por mucho que lo revistan de falsa constitucionalidad, progresismo o fomento de la convivencia. Simplemente consagra que cualquier gobernante necesitado, amparado en una escueta mayoría parlamentaria, pueda excluir a quien quiera de la aplicación de la Ley. Han abierto con ella la caja de los truenos. Ya tenemos precedente para que cualquiera pueda utilizarla de forma espuria.

PUBLICADO EN MALLORCADIARIO.COM EL 20 DE NOVIEMBRE DE 2023.

Por Álvaro Delgado Truyols