Esa tergiversación del lenguaje tan característica del relato político actual lleva décadas practicándose en algunos territorios españoles periféricos. Los habitantes fronterizos del imperialismo catalanista conocemos bien sus contorsiones terminológicas, cuyo uso subvencionado expanden generosamente por sus anhelados territorios vecinos. Así sucede en Valencia, parte de Aragón o las Islas Baleares.

Para los menos acostumbrados a su manejo, acompaño un breve diccionario que les permitirá bucear mejor en los complejos recovecos mentales y el engañoso lenguaje eufemístico de estos personajes fanatizados, que han acabado impregnando nuestra dialéctica oficial. Sus referencias terminológicas principales son las siguientes:

– “Normalización lingüística” significa que lo que es normal en las calles de nuestras islas -esto es, la pacífica convivencia del mallorquín, menorquín, ibicenco o formenterense con el castellano- deje de ser normal en las instituciones públicas o la enseñanza. Llaman cínicamente “normalizar” a apartarse a marchas forzadas de la normalidad callejera.

– “Derecho a vivir en catalán” es una expresión equivalente a “prohibición de utilizar el castellano”. Alude a la aspiración de los catalanistas a que el idioma castellano no esté presente ni un solo segundo en las actividades de sus vidas cotidianas, y a que la Administración pública les ampare y proteja para conseguir ese fin.

– “Consenso educativo” significa la obligación general de aceptar resignadamente las propuestas educativas de la izquierda y del catalanismo, que incluyen, como principal premisa, la inmersión lingüística en catalán. Defender el bilingüismo o el derecho a estudiar en castellano, reconocidos legalmente por la Constitución y nuestro Estatuto de Autonomía, suponen romper el “consenso”. En otra hilarante muestra de cinismo, “consenso” equivale a “imposición”.

“Lengua propia” es sólo la lengua catalana, aunque en Baleares se hablen -desde hace siglos- el castellano y el catalán de las islas. Para ellos el castellano, aunque lleve el mismo tiempo siendo nuestro, no es propio. Sólo porque procede de Castilla y no de su amada Cataluña.

“Corona catalano-aragonesa” es el Camelot imaginario del catalanismo oficial. La atribuyen a Jaime I, que conquistó Mallorca en 1229, despreciando que -según los escritos reales- el monarca era “Rey de Aragón, Conde de Urgel y de Barcelona y Señor de Montpellier”, y luego fue “Rey de Mallorca”. Esa denominación tendenciosa, habitual en nuestros libros escolares, fue inventada a finales del siglo XIX.

“Inmersión lingüística” significa la erradicación total de la lengua castellana de la enseñanza, la Administración y la vida pública. Los catalanistas sólo consideran beneficioso para el catalán todo lo que perjudique al castellano. Y aspiran a su desaparición total, objetivo de la llamada “inmersión”. Para sus aspiraciones imperialistas, una sana convivencia de lenguas resulta imposible porque dificulta su adoctrinamiento identitario.

“Ataque a la lengua catalana” es cualquier defensa o reivindicación de la lengua castellana. Como hemos explicado, el catalanismo vive obsesionado por un maniqueísmo radical. Aplicando a las lenguas el lema de la película “Los inmortales”, para ellos “sólo puede quedar uno”.

Asimilando estos conceptos elementales, todos podrán desentrañar el elíptico lenguaje oficial del catalanismo balear.

PUBLICADO ORIGINARIAMENTE EN MALLORCADIARIO.COM EL 09 DE OCTUBRE DE 2023.

Por Álvaro Delgado Truyols