El catedrático de economía en Pennsylvania Jesús Fernández-Villaverde, uno de los intelectuales españoles mundialmente reconocidos, ha divulgado esta pasada semana un estudio electoral en el que analiza todas las encuestas nacionales y autonómicas publicadas en España en el último mes. Y las conclusiones demoscópicas que extrae son las siguientes: que PP y PSOE están prácticamente empatados en votos (unos 7,5 millones), con ventaja del PP por aplicación de la Ley electoral, que le proporciona más escaños (unos 130 frente a 110); que Vox crece en votos de forma considerable (sobrepasa los 5 millones), superando los 70 escaños y siendo el partido más votado entre los menores de 60 años; que la suma de PP y Vox puede acercarse a 200 diputados, muy superior a la mayoría necesaria para gobernar (176); que Vox destaca entre los votantes de menor renta (la clase trabajadora) desplazando sorprendentemente a los partidos de la izquierda; y que, de mantenerse su actual progresión, Vox podría sobrepasar al PP en 2-4 años.
Autor: Álvaro Delgado Truyols Página 2 de 36
La izquierda española es una consumada especialista en manipular a los muertos. Lleva desde que apareció Zapatero intentando rematar a Franco, hoy cincuenta años después de que muriera de viejo en la cama. Lleva ya bastantes décadas arrojando contra la oposición la memoria de la guerra, los huesos del dictador, el desastre del Prestige, las víctimas del 11-M, los muertos de la pandemia, los ahogados por la Dana o los fallecidos en las residencias. Igual que llaman “homicida” en el parlamento a Mazón semanas después de presentar su dimisión. Quienes abandonaron miserablemente a las víctimas (“si necesitan ayuda, que la pidan”), y toda oposición a la dictadura en manos del viejo Partido Comunista, se muestran hoy muy valientes lanzando a la cara de sus rivales cadáveres diversos. Siempre se les ha dado mejor utilizar a los muertos que gobernar a los vivos.
En un proceso histórico en una democracia occidental, Álvaro García Ortiz, fiscal general del Estado, ha sido condenado por el Tribunal Supremo a dos años de inhabilitación por la comisión de un delito de revelación de secretos. Se le condena por la filtración a cierta prensa afín al Gobierno de la situación tributaria de un particular, Alberto González Amador, para contribuir al “relato” promovido por Moncloa -cuando se destaparon los trapicheos de Begoña Gómez– destinado a perjudicar a quien luego se convirtió en su pareja sentimental, la presidenta de la Comunidad de Madrid Isabel Díaz Ayuso.
– 7,15 de la mañana. Suena el despertador. Vaya día largo me espera hoy. Voy a prepararme un café bien cargado. Tengo muchas tareas retrasadas de ayer. Antes de recibir las instrucciones de Moncloa, tengo que repasar lo que dijeron Fortes, Intxaurrondo, Ruiz, Cintora, Broncano, Wyoming y Ángels Barceló. Que una cosa es coincidir y otra muy distinta repetirse como loros. Que somos periodistas, joder, no ministros de Sánchez. Esas cacatúas que se copian siempre las mismas frases.
Soy padre de tres hijas y empleador de trece mujeres. Creo en su absoluta igualdad y en su enorme valía -en muchos aspectos superior a la de los hombres- para desempeñar toda clase de labores. Algo que puede comprobarse en las actuales oposiciones a jueces, fiscales, abogados del estado, notarios o registradores, por hablar de materias cercanas a mi actividad profesional, en las que aprueban más chicas que varones. He facilitado siempre, con más generosidad de la exigida por la legislación laboral, la conciliación de la vida personal y familiar de mis empleadas. Conozco sus enormes cualidades en cuestiones familiares, afectivas y emocionales. Y, a pesar de todo ello, no consigo comprender al feminismo contemporáneo.
Acabe como acabe el juicio que se está celebrando en el Tribunal Supremo contra el fiscal general del Estado, las intervenciones de los protagonistas en las diferentes sesiones -retransmitidas por diversos medios de comunicación- permiten formular algunas reflexiones con base jurídica conscientemente alejadas del ensordecedor ruido mediático.
Resulta bastante probable que Carlos Mazón sea un político mentiroso e incompetente. Resulta completamente seguro que Pedro Sánchez es ambas cosas también, como tiene acreditado durante siete años en el Gobierno.
Hace escasos días ha salido a la venta, editada por Aferré, mi última monografía titulada como el presente post, “El Trust en España”, que me gustaría comentar brevemente para los lectores de este blog por su interés práctico en el mundo del derecho patrimonial. El Trust es la aportación más importante al Derecho universal de la cultura jurídica anglosajona, y ha demostrado ser una herramienta versátil y eficiente para la gestión y protección de patrimonios con todo tipo de finalidades. Con un origen medieval, ha evolucionado adoptando diversas formas y estructuras en diferentes países y jurisdicciones, con interesantes adaptaciones a la mayoría de los países de Derecho civil.
Pienso que la oposición mayoritaria comete errores estratégicos para enfrentarse a un trilero como Sánchez. Uno de ellos es vivir demasiado pendiente de las encuestas, cuando no tenemos a la vista contiendas electorales. Otro es argumentar siempre a remolque del “relato” promovido por Moncloa para tapar sus escándalos judiciales, comprando el marco mental y discursivo de la izquierda. Todo ello explica que Feijóo no despunte ante un gobierno acosado por la corrupción y que carece de mayoría para legislar.
El poeta Luis García Montero, director del Instituto Cervantes, se refirió recientemente al director de la Real Academia Española de la Lengua, Santiago Muñoz Machado, diciendo: «La RAE está en manos de un catedrático de Derecho Administrativo experto en llevar negocios desde su despacho para empresas multimillonarias y eso, personalmente, crea distancias».