Soy padre de tres hijas y empleador de trece mujeres. Creo en su absoluta igualdad y en su enorme valía -en muchos aspectos superior a la de los hombres- para desempeñar toda clase de labores. Algo que puede comprobarse en las actuales oposiciones a jueces, fiscales, abogados del estado, notarios o registradores, por hablar de materias cercanas a mi actividad profesional, en las que aprueban más chicas que varones. He facilitado siempre, con más generosidad de la exigida por la legislación laboral, la conciliación de la vida personal y familiar de mis empleadas. Conozco sus enormes cualidades en cuestiones familiares, afectivas y emocionales. Y, a pesar de todo ello, no consigo comprender al feminismo contemporáneo.
Autor: Álvaro Delgado Truyols Página 2 de 36
Acabe como acabe el juicio que se está celebrando en el Tribunal Supremo contra el fiscal general del Estado, las intervenciones de los protagonistas en las diferentes sesiones -retransmitidas por diversos medios de comunicación- permiten formular algunas reflexiones con base jurídica conscientemente alejadas del ensordecedor ruido mediático.
Resulta bastante probable que Carlos Mazón sea un político mentiroso e incompetente. Resulta completamente seguro que Pedro Sánchez es ambas cosas también, como tiene acreditado durante siete años en el Gobierno.
Hace escasos días ha salido a la venta, editada por Aferré, mi última monografía titulada como el presente post, “El Trust en España”, que me gustaría comentar brevemente para los lectores de este blog por su interés práctico en el mundo del derecho patrimonial. El Trust es la aportación más importante al Derecho universal de la cultura jurídica anglosajona, y ha demostrado ser una herramienta versátil y eficiente para la gestión y protección de patrimonios con todo tipo de finalidades. Con un origen medieval, ha evolucionado adoptando diversas formas y estructuras en diferentes países y jurisdicciones, con interesantes adaptaciones a la mayoría de los países de Derecho civil.
Pienso que la oposición mayoritaria comete errores estratégicos para enfrentarse a un trilero como Sánchez. Uno de ellos es vivir demasiado pendiente de las encuestas, cuando no tenemos a la vista contiendas electorales. Otro es argumentar siempre a remolque del “relato” promovido por Moncloa para tapar sus escándalos judiciales, comprando el marco mental y discursivo de la izquierda. Todo ello explica que Feijóo no despunte ante un gobierno acosado por la corrupción y que carece de mayoría para legislar.
El poeta Luis García Montero, director del Instituto Cervantes, se refirió recientemente al director de la Real Academia Española de la Lengua, Santiago Muñoz Machado, diciendo: «La RAE está en manos de un catedrático de Derecho Administrativo experto en llevar negocios desde su despacho para empresas multimillonarias y eso, personalmente, crea distancias».
Llama la atención cómo los estertores del sanchismo se están convirtiendo, por el arte insuperable de ciertos personajes de comedia como Koldo, Ábalos y Cerdán, en la mejor película de Torrente. Ha descubierto la UCO que, por la sede del PSOE, circulaban en sobres con el membrete del partido cantidades de dinero que tales personajes -con su habitual desahogo- calificaban por su diferente color y cuantía: “chistorras” los billetes de 500 euros, “soles” los de 200 y “lechugas” los de 100.
El blanqueamiento de la banda terrorista ETA y de sus actuales herederos políticos, debido a la necesidad coyuntural de Pedro Sánchez para conservar el poder, constituye otro elemento a destacar en la ineludible batalla cultural que debe librarse contra la falsa superioridad moral de la izquierda. Si nuestras Cortes han legislado para imponer una “memoria democrática” relativa a más de ochenta años atrás, resulta difícilmente explicable que escondamos a los jóvenes españoles los crímenes de una banda terrorista que mató a 853 personas hasta hace escasamente una década.
Érase un lugar tan triste y polarizado que quienes debían hablar siempre callaban y quienes más tenían que callar largaban como deslenguados. Uno de éstos últimos era un personaje de fábula, veterano justiciero popular demasiado bien tratado para sus méritos personales y profesionales, al que los medios encumbraron y sus superiores nunca se atrevieron a sancionar pese a surfear habitualmente las leyes como un tablista de Nazaré.
Otro de los falsos mitos a combatir es la “leyenda negra” de la Hispanidad, promovido por todos los enemigos de España. En conferencia pronunciada este año en Palma, el historiador argentino Marcelo Gullo defendió que «España no conquistó América, sino que liberó América”. Contó que Hernán Cortés llegó a México con setecientos soldados y escasos caballos, y aglutinó a cien naciones indígenas oprimidas por la tiranía antropófaga de los aztecas de Moctezuma, que les exigían sacrificios humanos y se comían los cadáveres sacrificados. Luego España fomentó centenares de hospitales, colegios, universidades, ciudades y edificios monumentales, la mayoría hoy declarados Patrimonio de la Humanidad (algo que nunca hicieron los colonizadores ingleses, franceses, portugueses, holandeses o belgas) porque consideró las tierras americanas como provincias del propio país, concediendo a sus habitantes los mismos derechos que los ciudadanos metropolitanos, y promovió matrimonios interraciales.