Refiriéndose al problema de la inmigración que afectaba al sur de Italia de una forma dramática cuando llegó al poder (recuerden lo sucedido en la isla de Lampedusa), Giorgia Meloni afirmó en una declaración pública que “la nacionalidad italiana no se regala”. Sin embargo, muchos españoles tenemos la sensación de que la nuestra se está regalando, y además por razones espurias, tratando de producir alteraciones desesperadas en la composición del censo electoral.
Una frontera de España ha sido invadida por 70.000 personas sin que el Gobierno haga nada. Hay abundantes pruebas de la complicidad de Marruecos, pero nuestros gobernantes atacan al CNI. Los 84.000 habitantes de Ceuta viven atemorizados en sus casas. El presidente se largó a Lanzarote tres semanas de vacaciones el día después de la invasión. Sus ministros solo se preocupan de difundir un relato que exonere a Marruecos. Un ex espía marroquí ofrece al fiscal jefe de la Audiencia Nacional información obtenida por Pegasus que explica la incomprensible pasividad del presidente del Gobierno y el fiscal la rechaza “porque será un problema con Marruecos”.
Voy a plantearles una hipótesis de ficción basada en los hechos acaecidos en Ceuta desde finales de julio pasado. Porque ese preocupante problema de soberanía nacional e integridad territorial, afectante a todos los españoles, no ha sido visto por la generalidad de los ciudadanos valorando su extrema gravedad.
Hola de nuevo españoles:
Ya sabéis que estoy profundamente enamorado. Pero necesito haceros algunas confesiones más. Desde hace un tiempo no me gusta nada gobernaros. Sois un pueblo de patanes desagradecidos. No me dejáis ni siquiera progresar. Me desvivo ocho años por vosotros y me respondéis con querellas contra mi familia y amigos. Y con jueces fascistas esperándonos con ganas. Además, os habéis pasado el verano cantando esa ordinariez de “PSHDP” en muchas verbenas y conciertos. Hasta en el puñetero Mundial de fútbol ante las narices de Trump. No puedo salir a la calle sin que me abucheéis. Ni jugar a la petanca con los jubilados de Fuenlabrada. ¿Quiénes os habéis creído que sois? Fachas asquerosos que no podéis soportar que un humilde hijo del pueblo ocupe el poder. Hasta mi abuelo materno tuvo que desertar del ejército republicano para acercarse a quienes mandaban. Y los fascistas le condecoraron. La vida siempre ha sido injusta con los pobres. Ha llegado la hora de que el poder cambie definitivamente de manos.
Varios medios de comunicación, españoles y extranjeros, han revelado recientemente una grave manipulación informativa realizada por el diario El País con motivo de la crisis migratoria de Ceuta. La curiosidad de otros periodistas avispados permitió descubrir que esos viejos paladines de la superioridad moral y de las acusaciones a los demás de publicar fake news -en sintonía con los relatos del gobierno- han publicado una obscena falsedad que deja su antiguo prestigio a los pies de los caballos.
Sabemos que el gran problema nacional del acceso a la vivienda presenta agravantes específicos en Baleares, al tratarse de un territorio insular sujeto a una gran presión demográfica y a una potente demanda foránea que, además, no puede ser construido de forma indefinida.
En el año 2015, el polémico escritor francés Michel Houellebecq publicó una novela llamada “Sumisión” que narraba una historia distópica ambientada en la Francia de 2022. Combinando algunos personajes de ficción con políticos muy conocidos en Francia, la novela contaba cómo un inmigrante llamado Mohammed Ben Abbes, líder del partido “Fraternidad Musulmana”, vencía en las elecciones presidenciales y se hacía con el poder estatal. Y, una vez en el cargo, realizaba drásticos cambios sociales convirtiendo la Universidad de La Sorbona en centro de educación islámica, anulando la igualdad entre hombres y mujeres, permitiendo la poligamia de los países musulmanes o transformando el país en el eje central de una nueva Europa islamizada.
Como ha recordado estos días Isabel Díaz Ayuso, el trilero Pedro Sánchez lleva hablándonos de la “emergencia climática” desde el lejano 2014, aunque nada ha hecho desde entonces para combatirla de forma efectiva. Solo insultar a la oposición a la que reclama, a la vez, un etéreo pacto de Estado. Y eso que ha disfrutado, como presidente del Gobierno, de los años de máxima recaudación tributaria de la larga historia de España.
“Paisaje después de la batalla” es una vieja película (1970) del reconocido director polaco Andrzej Wajda inspirada en la historia del escritor y periodista Tadeusz Borowski, superviviente de los campos de concentración de Auschwitz y Dachau, liberado por los norteamericanos en mayo de 1945. El protagonista de la película descubre que la Segunda Guerra Mundial ha terminado pero que, en esencia, nada ha cambiado ya que el totalitarismo nazi ha sido simplemente sustituido por otro totalitarismo comunista. En la vida real Borowski, escritor vinculado al partido comunista polaco que recibió en su país el premio nacional de literatura (1950), se suicidó en 1951 teniendo 28 años, tres días después de que su mujer diese a luz a su hija, profundamente decepcionado con el nuevo régimen comunista que dominaba férreamente Polonia.
Las maniobras estratégicas habituales de muchos profesionales de la política no suelen colmar en exceso las expectativas y deseos de los ciudadanos. Esta época de decadencia del sanchismo, plagada de relatos, polarización, engaños y trampantojos, podrá ofrecer a sus protagonistas rendimientos propagandísticos efímeros pero genera personas profundamente desencantadas, hartas de las representaciones teatrales que nos endilgan a diario de forma insultante. De ahí que muchos votantes -especialmente los jóvenes- pierdan la confianza en los partidos tradicionales y encaminen su voto hacia los extremos.