Refiriéndose al problema de la inmigración que afectaba al sur de Italia de una forma dramática cuando llegó al poder (recuerden lo sucedido en la isla de Lampedusa), Giorgia Meloni afirmó en una declaración pública que “la nacionalidad italiana no se regala”. Sin embargo, muchos españoles tenemos la sensación de que la nuestra se está regalando, y además por razones espurias, tratando de producir alteraciones desesperadas en la composición del censo electoral.
La reacción airada del Gobierno cuando el Tribunal Supremo aceptó la medida cautelar de suspender la aplicación de la Instrucción del Ministerio de Justicia que interpretaba más allá del texto legal la llamada “Ley de Nietos” resultó verdaderamente reveladora. Les han pillado regalando la nacionalidad española y el voto a personas sin actual conexión alguna con España solo para intentar salvarse propiciando un hipotético vuelco electoral. Y el Tribunal Supremo ha acordado la suspensión cautelar porque, de esperar a que se dicte sentencia, ésta resultaría inútil si se hubieran celebrado ya las elecciones con un censo supuestamente irregular.
Este caso representa un ejemplo más de que obtener la nacionalidad española (uno de los países más antiguos del mundo, miembro de la Unión Europea) en vez de ponerse en valor parece rebajarse de forma creciente. Mientras, existe un enorme contraste con otros ciudadanos que llevan años viviendo y cotizando en España, e incluso están casados con españoles y han tenido hijos en nuestro país, a quienes se les dificulta reiteradamente la obtención de la nacionalidad o la residencia. Las quejas en redes sociales son abundantes, revelando que estos casos (por ejemplo, los sefardíes) se desatienden al no tener interés electoral.
Todos los países importantes del mundo exigen mayores requisitos para poder obtener su nacionalidad. Las democracias serias no precisan reclamos populistas ni maniobras espurias para alterar su censo electoral. Por ello resulta conveniente promover un debate social. La Fundación Hay Derecho, de la que soy patrono y colaborador en su blog -uno de los blogs jurídicos más seguidos en España-, ha abierto una reflexión sobre si tiene sentido mantener la identidad entre “nacionalidad” y “derecho al voto” cuando de no residentes se trata. Porque parece muy razonable que el voto solo deba corresponder a quienes, de forma más o menos estable, residan habitualmente en el país, paguen impuestos y soporten las decisiones del Gobierno.
Como en tantos países del mundo, el voto no debería ir vinculado a la mera nacionalidad, sino al ejercicio efectivo de los derechos de ciudadanía. ¿Qué pinta un cubano de Matanzas, que jamás ha vivido ni vivirá en España, decidiendo nuestro Gobierno? ¿Quién es Sánchez para regalar a nadie nacionalidad o voto?
Todas las sospechas saltaron tras conocerse dos hechos relevantes: el primero, que Zapatero, estratega en la sombra (nunca mejor dicho si acaba en Soto del Real) del propio Sánchez, intentó algo similar con una Instrucción de 2007 previa a las elecciones de 2008; y el segundo, la forma de abordar esta cuestión por el Gobierno actual, con prisas y a escondidas -mediante una Instrucción del Ministerio de Justicia que amplía los supuestos de la Ley- y adscribiendo esos votos a las provincias donde más los necesita, eludiendo un debate general y una reflexión académica, social y política.
Quién deba obtener la nacionalidad española y quién deba votar en nuestras elecciones no debería decidirse con urgencias, de tapadillo y por interés coyuntural de un Gobierno acosado por su impopularidad, su falta de apoyos parlamentarios y sus incontables casos de corrupción. Una decisión tan trascendental debe adoptarla el conjunto de la sociedad española tras un debate sereno ajeno a toda polarización.
P.D. No veo a muchos políticos -ni a sus medios sincronizados- excesivamente preocupados por conceder urgentemente el voto a los hijos y nietos de los más de 200.000 ciudadanos del País Vasco que tuvieron que abandonar su tierra por las amenazas de ETA. El vuelco hipotético a las elecciones vascas que ello podría acarrear no interesa nada al PSOE, al PNV ni a Bildu, tres de las patas que sustentan a Sánchez.
PUBLICADO EN MALLORCADIARIO.COM EL 21 DE SEPTIEMBRE DE 2026.