Se ha publicado que la periodista Irene Lozano redactó para Pedro Sánchez su poco exitoso “Manual de resistencia”. Porque a él se le hubiera dado mucho mejor, aparte de recomendar lecturas y canciones veraneando desde La Mareta mientras 70.000 personas invadían Ceuta, redactar un completísimo “Manual de negligencia”.
Dijo Manuel Azaña, último presidente de la Segunda República española, que “Franco no se ha sublevado contra la República, sino contra la chusma que se ha apoderado de ella”. Y esas alusiones a una “chusma” violenta e incontrolable, que convirtió los últimos tiempos del régimen republicano en un émulo de la revolución soviética, fueron habituales en los escritos de periodistas como Wenceslao Fernández Flórez (“El terror rojo”); Manuel Chaves Nogales (“A sangre y fuego”); o de la política republicana Clara Campoamor (“La revolución española vista por una republicana”).
La convocatoria de elecciones abre un tiempo nuevo en el que “veremos hechos que nos helarán la sangre”, parafraseando el reproche que la madre de Joseba Pagazaurtundúa, militante socialista y jefe de la policía local de Andoain, lanzó a Patxi López tras traicionar la memoria de su hijo pactando con sus asesinos. Uno de esos hechos será, de consumarse la derrota del sanchismo, la desbandada general quienes fueron -mientras les convino- fieles soldados del narciso.

La política utiliza un lenguaje destinado a estimular las emociones de los ciudadanos rebajando su capacidad de razonar. Términos como “sostenible”, “inclusivo”, “diversidad”, “vulnerable” y otros muchos deben acompañar siempre cualquier discurso público con pretensiones, contagiando también a actividades de la vida privada para que todo mensaje resulte vendible.
Por si los españoles no tuviéramos agotada ya nuestra capacidad de asombro, hemos conocido que las cloacas del PSOE, integradas por la “fontanera” Leire Díez, el abogado Jacobo Teijelo, el empresario Pérez Dolset y el ex juez Luis Sáenz de Tejada (expulsado de la carrera judicial por maltratador), bajo la financiación del jefe de la caja Santos Cerdán, organizaron tras la imputación de Begoña Gómez un comando “torrentiano” para amenazar a las más altas instituciones del Estado relacionadas con las investigaciones por corrupción.
Ahora que se aproxima el periodo electoral comienzan a avizorarse movimientos de personajes de la vida pública balear para agitar, en beneficio propio, las diferentes “patrias” que llevan décadas alimentando opíparamente a buena parte de nuestros políticos. Los difíciles tiempos que hoy vivimos contribuyen favorablemente al festín identitario, pues la construcción de “relatos” y la demonización polarizadora de los adversarios han sustituido a las políticas de gestión y al simple examen de resultados realizada por los ciudadanos al ejercer el voto.
Ha movilizado mucho a la izquierda el desalojo de una anciana de 87 años, llamada Mari Carmen, del piso de que ocupaba como inquilina de renta antigua desde hace más de 60 años con vistas al Parque del Retiro de Madrid. Lamentando humanamente la penosa situación de una mujer de avanzada edad que no debería estar sometida a estas alturas a semejante drama personal, voy a detallarles aquí unos cuantos datos que construyen un “relato” alternativo al que la izquierda nos quiere emocionalmente colocar. Porque Leyes y emociones viven en mundos realmente muy distintos, y cualquiera de ustedes, amables lectores, podría haberse visto en una situación similar. Y no solo como inquilinos sino tal vez como sus caseros.
Refiriéndose al problema de la inmigración que afectaba al sur de Italia de una forma dramática cuando llegó al poder (recuerden lo sucedido en la isla de Lampedusa), Giorgia Meloni afirmó en una declaración pública que “la nacionalidad italiana no se regala”. Sin embargo, muchos españoles tenemos la sensación de que la nuestra se está regalando, y además por razones espurias, tratando de producir alteraciones desesperadas en la composición del censo electoral.
Una frontera de España ha sido invadida por 70.000 personas sin que el Gobierno haga nada. Hay abundantes pruebas de la complicidad de Marruecos, pero nuestros gobernantes atacan al CNI. Los 84.000 habitantes de Ceuta viven atemorizados en sus casas. El presidente se largó a Lanzarote tres semanas de vacaciones el día después de la invasión. Sus ministros solo se preocupan de difundir un relato que exonere a Marruecos. Un ex espía marroquí ofrece al fiscal jefe de la Audiencia Nacional información obtenida por Pegasus que explica la incomprensible pasividad del presidente del Gobierno y el fiscal la rechaza “porque será un problema con Marruecos”.
Voy a plantearles una hipótesis de ficción basada en los hechos acaecidos en Ceuta desde finales de julio pasado. Porque ese preocupante problema de soberanía nacional e integridad territorial, afectante a todos los españoles, no ha sido visto por la generalidad de los ciudadanos valorando su extrema gravedad.