Emergencia climática…. o personal

Como ha recordado estos días Isabel Díaz Ayuso, el trilero Pedro Sánchez lleva hablándonos de la “emergencia climática” desde el lejano 2014, aunque nada ha hecho desde entonces para combatirla de forma efectiva. Solo insultar a la oposición a la que reclama, a la vez, un etéreo pacto de Estado. Y eso que ha disfrutado, como presidente del Gobierno, de los años de máxima recaudación tributaria de la larga historia de España.

El deficiente estado de mantenimiento de trenes, carreteras, hidroaviones, bosques, montes, campos, torrentes y demás bienes y servicios que han puesto de relieve la inundación de la Dana de Valencia, el desastre ferroviario de Adamuz, el accidente de tráfico de Diogo Jota en Zamora y los recurrentes incendios que destruyen nuestra masa forestal hacen que todos nos preguntemos dónde está el dineral que el Gobierno ha recaudado de los ciudadanos en los últimos años.

Además, las más recientes noticias nos descubren que de los 13 aviones de extinción de incendios que teníamos hace varias décadas 4 se han vendido a Portugal y otros 4 están inoperativos; que el Gobierno ha destinado al rescate de Plus Ultra más dinero del que valían esos 4 Canadair operativos malvendidos; o que el pedido de otros 10 nuevos hidroaviones fue cancelado por sobrecostes el mismo día que el Gobierno dedicó 73 millones de euros a renovar y mantener el Airbus y los Falcon presidenciales. Con ello podemos hacernos una fiel idea de cuáles son las prioridades de Sánchez y su cuadrilla.

Hoy no caben muchas dudas de que este ejecutivo en minoría parlamentaria -y sin presupuestos desde hace tres años-, que quiere aparentar que gobierna, está destinando los enormes recursos tributarios de que dispone no a mejorar y mantener nuestros servicios públicos sino a tratar desesperadamente de mantenerse en el poder. Comprando e indultando todo lo que sea necesario para que no se desmadeje el maltrecho Frankenstein que les aupó a La Moncloa en 2023.

La dramática inacción del ejecutivo ante todas las tragedias que han golpeado el panorama nacional trata siempre de disimularla con relatos pueriles. No es la falta de limpieza y mantenimiento de los montes -ni tampoco la actuación criminal de los pirómanos que generan más del 80% de los incendios declarados- lo que causa o favorece los fuegos estivales, sino ese difuso sujeto criminal llamado “emergencia climática”. No es la falta de cuidados y de obras de canalización de los torrentes lo que desembocó en los más de 200 muertos de la terrible Dana de Valencia, sino la inoportuna comida del dimitido Carlos Mazón con una periodista agraciada mientras empezaba la torrentada. No es la ausencia de mantenimiento de las desgastadas vías del AVE en Adamuz lo que generó las más de 40 víctimas mortales, sino el rápido auxilio de una Junta de Andalucía que no tenía competencias en esa materia. No es la carencia de los hidroaviones que tanta falta nos hacen cada verano lo que permite los desalojos de muchas poblaciones rurales incendiadas, sino la propia existencia política de Isabel Díaz Ayuso, aunque los incendios se declaren fuera de la Comunidad de Madrid. Y debe faltar poco para acudir al socorrido comodín de Franco, el fascismo y la ultraderecha.

Tomar a los españoles por gilipollas es la afición principal de Pedro Sánchez. Y no le funciona mal, pues sigue manteniendo la fidelidad de un 20 por ciento del electorado. Aunque no es la “emergencia climática” la que le preocupa realmente, sino su propia emergencia personal. Necesita mantener el poder para no acabar en la cárcel como los muchos delincuentes que le rodean.

PUBLICADO EN MALLORCADIARIO.COM EL 03 DE AGOSTO DE 2026.

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